Puerto Portals nació en 1932 en una mesa de dibujante.
A diferencia a los puertos naturales, no se utiliza como puerto de trasbordo
de mercancías y por ello no se lo considera una puerta a otros continentes,
sino una puerta a otro mundo: el mundo de los ricos y la gente guapa, el
mundo del fasto y la pompa.
Los yates aquí anclados tienen sobre todo una cosa en común: son
joyas caras que reflejan aquello que hace a este lugar famoso, el ser punto de
escala para la high society.
No es necesario ser rey para poder comer en el puerto, aunque puede ser que nos
encontremos con uno. El Rey Juan Carlos y su familia son clientes habituales
en verano, así
como lo son Claudia Schiffer o Antonio Banderas. El lugar
es tan exclusivo como sus visitantes, y las hamacas son
muy codiciadas. Podría ser que se tuviese un famoso
como vecino de barco...
El Restaurante Tristán se presenta como un lugar lleno de estilo para
esta clase social, no sólo por ser una alternativa a la cocina tradicional
mallorquina, sino porque se trata del único restaurante de la isla con
dos estrellas Michelín. El conocido chef del Tristán, Gerhard Schwaiger,
reconoce que su comida preferida es más bien la autóctona, como
la salchicha blanca con mostaza. Sin embargo se podría buscar en vano
comida casera en la carta de comidas del Tristán, como mucho como una
variante elevada à
la Schwaiger en el bistró. "Es la puerta de
atrás del Tristán. Mucha gente tenía
miedo de ir al Tristán, miedo a no comportarse correctamente,
por ello hemos abierto en la esquina un bistró en
el que cocinamos a otro nivel pero también con productos
frescos y así el cliente podrá acostumbrarse
al sabor y al lugar".
Quien llegue a sudar al repasar y posteriormente al degustar sus exquisiteces
tiene la posibilidad también de darse un baño en Porto Portals,
ya que su playa de arena está sólo a un paso. La Dolce Vita se
vive aquí literalmente.
En la dársena, en cambio, no es todo tan informal. Todo aquel que se lo
puede permitir cuida elegantemente su ociosidad individual y lo demuestra. Y
aunque los constructores del puerto se esforzaron mucho, Puerto Portals produce
el efecto de un escenario de una película del estudio Disney, siempre
perfecto.
En un lugar donde reside la alta sociedad no pueden faltar, por supuesto, las
boutiques apropiadas. Las compras exclusivas pueden realizarse en numerosas tiendas,
sus modelos son todos de diseño y de ninguna manera realizados en serie.
Mientras la gente se va preparando para la noche vuelve lentamente la tranquilidad
a Puerto Portals y se nos aparece la cara más hermosa del lugar, quizás
también su más verdadera, apropiada para el crepúsculo.