Nomen est omen: algo también válido para esta avenida de
Palma de Mallorca
llamada comúnmente la Rambla, denominación que normalmente
designa a una reguera por donde se discurren las aguas pluviales. En realidad
esta calle porta un nombre más hermoso, ya que oficialmente la
Rambla se llamaba desde la Guerra Civil Vía Roma y ahora La Rambla
de los Duques de Palma, Infanta Cristina y su marido Iñaki Ungardarin.
Así, al entrar en esta calle, un soldado romano saluda a los peatones.
El bulevar nacido del lecho del río se transformó pronto
en una avenida en la que poco más tarde tenía lugar en Pascua
la Fira de Ram. Un resto de esta época son las tiendas de souvenirs
y los puestos de flores, en los que cada día podemos encontrar
flores frescas en ramos y dispuestas en centros, por supuesto según
temporada.
Si es cierto que esta avenida es más tranquila que el Borne
no podemos hablar de silencio, aunque la excepción la constituye
el convento de Santa Teresa, donde sus monjas de la orden carmelita viven
aún hoy en completo silencio y aislamiento. Otro oasis de la tranquilidad
es el Centre Cultural de la Misericordia, cuyo jardín se aleja
del jaleo de la Rambla debido a su posición en la parte superior.
Un lugar donde uno siempre puede detenerse a tomar aliento. Aunque si
a alguien le parece demasiado tranquilo a muy poca distancia encontrará
lo que busca.
Arte y flores, vehículos y transeúntes llenan la Rambla,
la cual despide un encanto contradictorio entre una elegancia algo ajada
y el auténtico encanto de una ciudad mediterránea. De todas
formas, esta avenida bien vale un paseo.
Duración: 1´42 min.