Aún hoy, nombres de lugares como Biniali, Bunyola o Banyalbufar dejan
entrever su fundación
en la época árabe. Los musulmanes habían dividido
Mallorca en 13 distritos cuya administración estaba organizada
según un modelo unitario. Uno de estos distritos era la actual
Binissalem y sus señores los Rubines, nombre que aún
se conserva en una parte de la ciudad del vino.
Tras la conquista cristiana en el año 1129, Jaime I
dividió Mallorca entre su séquito y sus prestamistas. Su
hijo, Jaime II, fundó en 1276 el reino de Mallorca y encargó
a dos grandes terratenientes el agrupar en pueblos a la población
que vivía esparcida por la isla. A ello se atribuye la fundación
de Binissalem en el año 1300. En el año 1248 se edificó
una parroquia, aunque los fundamentos de la iglesia actual datan del siglo
XV. La iglesia domina aún hoy el paisaje general de Binissalem
de una manera que ni su constructor, el arquitecto Bernat Febrer ni sus
comitentes podrían haber imaginado ni en sueños a pesar
de su creencia en la eternidad.
La iglesia se terminó en el siglo XVII y está dedicada al
patrón de Binissalem y a Nuestra Señora de la Asunción,
habiendo sido construida con piedra de los alrededores cercanos. Los binissalamers
tienen una secular tradición en todo tipo de cantería. Por
ello la comunidad ha honrado a sus picapedrers, los canteros, con una
estatua situada directamente delante de la iglesia.
Las antiguas casas de Binissalem dan testimonio de la gran destreza de
sus artesanos. Uno de los más hermosos ejemplos de su impresionante
arte de construcción lo constituye Can Gelabert. Esta casa se distingue
de las otras por sus frescos naturalistas en tonos pastel, de estilo pompeyanos
y ha sido restaurada minuciosamente en los últimos años.
En esta casa nació en 1916 Llorenç Moyá, quien escribió
como dramaturgo importantes piezas de teatro.
Moyá cultivó una gran amistad con Llorenç Villalonga,
que se había instalado en Binissalem como médico. Este instruido
psiquiatra logró entrar en el mundo de la literatura mundial con
su novela Mort de Dama, mientras que su novela Bearn fue llevada al cine
empleando como plató el pueblo de Orient.
El ayuntamiento de Binissalem, con sus alrededor de 5.000 habitantes ,
constituye con otros 10 ayuntamientos la Mancomunidad Raiguer.
Esta agrupación comarcal, cuya ciudad más grande es Inca,
gestiona sobre todo el trabajo de lobby y una política común.
La industria del calzado y del cuero son, junto con las distintas manufacturas
artesanales, el apoyo económico principal de estas regiones aunque,
y a pesar de los ingresos en descenso, se sigue practicando la agricultura
tradicional.
Binissalem ha ganado en las últimas décadas un notable auge
como ciudad vinícola. Cuando a finales de septiembre tiene lugar
la fiesta del vermar, la cosecha, la ciudad se llena
de visitantes de toda Mallorca. El aumento constante de la calidad del
vino tinto
de las antiguas bodegas es observado desde hace tiempo en la Península.
En verdad no tienen nada que temer los tintos de Binissalem frente a los
Riojas o los tintos de Navarra en los segmentos de precios medios.
Por otra parte algunos amantes del vino se entusiasman por el romanticismo
de Binissalem cuando por la tarde el sol poniente hace resplandecer los
picos cercanos de la Serra de Tramuntana con una luz
cuyo esplendor de matices no podría ser recogido por ningún
fotógrafo o pintor en un cuadro.
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