Uno de los centros de artesanía alfarera de Mallorca
es Portol, en el municipio de Marratxi. En sus talleres
se fabrican objetos de loza a una temperatura de cocción
de 1000 grados. La arcilla continua siendo porosa después
de la cocción, y es el esmalte el que hace las piezas
impermeables. Las greixoneras marrones son tan indispensables
en la cocina mallorquina como lo son las ollas en las que
se cocinan tantas sopas. En los 8 talleres de alfarería
del pueblo se fabrican aún hoy ollas, platos, tazas,
jarros y jarras y muchas más piezas.
Los objetos de la arcilla no esmaltada, conocida en muchos
lugares como terracota, se denominan en Baleares de terrissa.
El visitante que observe los primeros cuencos y ollas de
barro en los museos de Baleares se sentirá impresionado.
La cerámica antigua fabricada a mano es perfecta
por su forma y modelado. Los objetos de barro cocido se
encuentran entre los testimonios artesanales y artísticos
más antiguos de la historia del mundo. En Baleares,
los primeros objetos útiles de barro han sido datados
por los historiadores en la fase pretalaiótica del
Neolítico. En esa época, hoy a menudo calificada
de primitiva o incivilizada, el hombre poseía evidentemente
un sentido muy perfeccionado de la forma y sabían
armonizar la idea artística con las necesidades del
día a día. Los artistas mediterráneos
de la historia temprana debieron de ser al mismo tiempo
inventivos y aplicados ya que de otra manera el equilibrio
de las formas no hubiese podido alcanzar semejante perfección.
En la planicie donde está situado Portol no sólo
se encuentra la tierra ideal como material de partida para
los objetos de loza. Existían y existen también
grandes almendrales. Con las cáscaras de las dulces
almendras se alimentó durante siglos el fuego de
los hornos en las alfarerías.
Allá donde los legionarios romanos imponían
su cultura a los vencidos se introdujo también el
uso del torno de alfarero, lo que llevó a un empobrecimiento
de la variedad de objetos de barro. La cerámica modelada
a mano fue desapareciendo cada vez más mientras aparecían
más cantidad de objetos de la misma forma. Los ocupantes
romanos trajeron consigo a Mallorca, además del torno
y su hogar, las ánforas.
Las ánforas eran transportadas tanto horizontalmente
con ambas manos como verticalmente sobre los hombros. Existían
también grandes ánforas sin superficie de
apoyo rematadas en punta. Se colocaban en soportes de metal
y se utilizaban para el transporte de aceite y vino en los
barcos, almacenadas en las bodegas de éstos cerradas
con tapas.
Durante la época del dominio árabe surgieron
multitud de formas y también de ornamentos. Los artistas
árabes trajeron a la isla esmaltados que aún
conservamos, como el vidriado amarillo. Típicos de
su época son los vidriados adornados con pequeñas
piezas de oro y plata. También la cerámica
utilizada en la construcción de las casas, las losas
de terracota sin esmaltar, los canalones del agua, tubos
de desagüe y canales de irrigación son de barro
y de origen árabe.
Los musulmanes llevaban consigo en sus barcos las alfabias.
Estas tinajas de piedra son costosas piezas de decoración
en los patios y prácticos recipientes no sólo
para las despensas de las grandes posesiones. Como las ánforas,
servían también para almacenaje de agua, aceite
y vino. En diferencia a las ánforas, las alfabias
tienen una mayor superficie de apoyo y ningún asa,
ya que no estaban destinadas al transporte.
Tras la Reconquista se recogieron por primera vez en los
archivos documentos sobre los artesanos y se escribió
su historia. Los conquistadores cristianos se esforzaron
mucho en remontar la cuna de la alfarería mallorquina
a la época del rey
Jaime I, aunque no pudo ser en vista de la
amplia herencia de los antepasados. Sin embargo, la floreciente
época de la alfarería había terminado.
Comenzó a llegar costosa porcelana de China, por
lo que los alfareros se convirtieron en suministradores
de las grandes posesiones. En estas sobre todo se utilizaban
en las cocinas campesinas las vajillas más rudas.
En los palacios de la ciudad de Palma, en compañía
de los nobles y los hombres de la iglesia, se comía
en porcelana extranjera con cubiertos de plata.
En los años 60, los alfareros de Portol aún
fabricaban greixoneras y macetas. Pero con la llegada del
turismo en masa comenzó también la fabricación
en masa de souvenirs, siendo los mayores éxitos los
ceniceros, servilleteros y candelabros con una decoración
cuidada. El crecimiento de la fabricación de greixoneras
está estancado, la olla exprés ha sustituido
a la buena olla de barro. Hoy sólo un 20% de los
objetos de barro del surtido de venta de Portol ha sido
modelado, torneado, vidriado y cocido por los artesanos
del lugar. Pero, aún así: Portol sigue siendo
Portol.
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