Cuando fuera que surgió la figurilla del siurell,
se han atribuido a esta pequeña flauta fuerzas mágicas. Los
vientos de Mallorca – Gregal, Llevant, Xaloc, Migjorn, Ilebeig, Ponent,
Mestral y Tramuntana - infundían algunas veces gran temor. Para sus
habitantes eran fuerzas incontrolables de la naturaleza a las que estaban
expuestos sin remedio, y empleaban los silbidos del siurell como un tipo
de tótem ante los vientos tempestuosos.
Robert Graves calificó de "mágica"
la figurilla de barro y relató que en muchas culturas
era usual espantar con sus tonos a los vientos que traían
desgracias, mientras que a los buenos se los atraía
con el tono más agudo. Graves escribió sobre
el parecido del siurell con las sirenas, mujeres con pies
de ave de origen asirio-babilónico.