Hace muchos miles de años Mallorca era un único
bosque de robles. Nadie sabe quién habitaba en la
isla en aquella época, ya que no han llegado hasta
nosotros testimonios escritos. La única prueba de
que había seres vivos son unas cabras enanas descubiertas
en una excavación. En algún momento comenzaron
los habitantes de la isla a construir casas y a apilar piedras
gigantescas en construcciones que los arqueólogos
denominan talayots, en catalán talaiots.
Pero se desconoce si los pobladores vivían dentro
de ellas o si sólo eran lugares de un culto desconocido.
Quizás se trata de grandes lugares de enterramiento
para sus muertos. La historia de los talayots no puede ser
descifrada con jeroglíficos, como lo fueron las pirámides
de Egipto, construidas en la misma época.
La historia prosiguió, pero las piedras permanecieron.
Es imposible imaginar cómo se pudieron transportar
semejantes sillares de piedra en una época en la
que no existían hachas, ruedas u otras herramientas.
¿Qué sucedió a su alrededor en estos
siglos en los que han permanecido mudas en su lugar? ¿Fueron
testigos de cómo una princesa árabe besaba
a un príncipe sarraceno? ¿Se escondieron tras
ellos los piratas en su camino en busca del botín
del cercano Artá? Cuando se observan los talayots
no se obtiene ninguna respuesta. Son lugares misteriosos
en los que cada uno se plantea sus propias preguntas...
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