En el norte-noroeste de Mallorca tierra y mar se han unido
de una manera grandiosa, creando pequeñas calas pintorescas enmarcadas
por los agrestes peñascos de la Serra de Tramuntana que contrastan
con los grandes frutales que se extienden por el triángulo formado
por Pollença, Cala San Vicente y Port Pollença. Pero son las
playas de arena las que atraen a las masas de turistas. Las Bahías
de Pollença y Alcudia son unos de los lugares de Mallorca más
concurridos por visitantes hambrientos de baños y sol.
La Bahía de Pollença, debido a la longitud de su playa, a los vientos
favorables y la profundidad del agua, se ha convertido uno de los destinos más
apreciados por los surfers de todo el mundo. El Archiduque Luis Salvador describe
detalladamente el pueblo pesquero del Port de Pollença en su obra sobre
las Baleares publicada en 1897, y el pequeño camino que lleva a la Bahía
de Pollença discurriendo paralelo a la arena, aunque no habla de esta
ancha playa que no se consideraba hace 100 años más un pedazo de
tierra inservible sin interés.
El general Franco ordenó que los prisioneros republicanos, mayoritariamente
vascos, construyesen una carretera desde Cap Formentor hasta Cap Pinar atravesando
toda la bahía de Pollença hasta la península de Sa Victoria.
Aún hoy el ejército español mantiene una base en Cap Pinar
que es zona militar restringida.
La autora con más éxito de la novela criminal, Agatha Christie,
escribió con entusiasmo sobre el Port de Pollença. En las primeras
décadas del siglo XX existían solamente algunos pequeños
hoteles familiares y los primeros turistas eran de nacionalidad británica.
El Port, como lo denominan los pollensinos, nunca ha perdido su carácter
británico: igual que ayer sigue atrayendo a turistas anglosajones de buena
posición económica que poco tienen que ver con los grandes centros
del turismo inglés en masa, como son Magalluf o Palmanova.
El artista catalán Anglada Camarasa vivió
durante muchos años en el Port de Pollença,
donde murió en el año 1959. Se le considera
el fundador de la Escuela Pollensina, una grupo de artistas
entre los que se encuentra también el fotógrafo
Guillem Bestard. Camarasa logró que Mallorca fuese
conocida mucho más allá de sus fronteras.
Muchos pintores se afincaron en el pueblo pesquero, llegando
a registrarse ya en 1930 la cantidad de 500 habitantes.
El artista argentino Adam Diehl hizo construir el legendario Hotel Formentor,
que continua siendo un lujoso punto de encuentro de celebridades internacionales.
El Real Club Náutico en el Puerto es un edificio de estilo futurista con
rasgos californianos. El puerto natural de la bahía de Pollença
está relativamente protegido del fuerte oleaje.
A lo largo de la posesión Boquer un camino lleva hasta Cala Boquer: una
cala pintoresca a la que se llega pasando entre la Serra de Cavall Bernat y el
Coll de Mormorall, de 353 metros de altura.
El valle de San Vicente es muy rico en motivos, no sólo para pintores
de paisajes. Junto a las cuevas prehistóricas encontramos un puente que
se remonta al tiempo de la ocupación romana. A lo largo del valle se extiende
una fértil llanura que aparece citada a menudo en los archivos como una
región de gran productividad. Aún hoy existen propiedades en las
que una considerable cantidad de gallinas se cría libremente junto a cerdos
mansos y rebaños de ovejas y cabras, algo muy alejado de la cría
en masa de alta tecnología.
El valle crea un lazo natural entre el mar abierto del norte y la bahía
de Pollença, abarcando una zona excepcional de senderismo que constituye
también un objeto de estudio para los aficionados a la arqueología.
Cala San Vicente consta de tres ensenadas arenosas que se abren al norte, poco
protegidas de las arremetidas del viento del norte, la Tramuntana. La formación
rocosa de la Serra de Cavall Bernat, que con sus picos y líneas ondulantes
recuerda a cabezas de caballo con sus respectivos lomos, tampoco ofrece ninguna
protección. Así
pues el viento del norte envía sus fuertes ráfagas,
mientras las olas revueltas golpean con gran estruendo
las rocas en unos segundos.