A menudo al dirigirnos a la Plaza der Lonja pasamos
por el Consolat de Mar. Sólo unos pocos se detienen ante este lugar
donde deliberan los políticos, una buena razón para presentarles
más de cerca este edificio histórico.
La historia del Consolat de Mar se remonta al siglo XV,
cuando fue encargado por el gremio de mercaderes, que destinó
una parte del edificio a su sede. Aquí tenía
lugar un mercado, o, mejor dicho, una bolsa de mercancías.
A través de la Porta Vella del Moll aún se
accede hoy a los jardines que se plantaron sobre el límite
que marcaban las murallas que iban del Palacio
de la Almudaina hasta el Bastion de Sant Pere.
En la segunda mitad del siglo XX el edificio del Consolat
fue renovado, un proyecto largamente tenido en mente. En
1980 el gobierno español entregó el edificio
al gobierno de las Baleares para que se estableciese en
él, dentro del marco del estatuto de autonomía
aprobado en 1978. En 1983 se reconoció oficialmente
y tuvieron lugar las primeras elecciones que debían
insuflar vida al organismo.
El 31 de marzo del mismo año se fundó en el
Consolat de Mar el primer parlamento insular, y sólo
pocos días después tomó posesión
de su cargo el primer presidente de la Autonomía
de las Baleares formando su gobierno.
Siempre con una vista al Paseo Sagrera, al puerto y al mar,
de donde el Consolat toma también su nombre.
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